Por Jorge Valencia
Cuando se vuelven amigos los que eran extraños, ocurren cosas extraordinarias.
En el encuentro –cuando ocurre el descubrimiento– se pone de manifiesto lo que cada uno sabe de sí mismo. Pero aún no se agrega nada al universo: Cada uno es como es y cada quién es cada cual.
Luego, envuelto en magia, sucede el hallazgo asombroso de lo que cada quien ignora de sí mismo y aprende sólo a través de los otros. Porque somos, cuando somos con otros.¿Y si lo que se encuentra es una guitarra, un chelo y una tabla india (que, a pesar de su nombre, no es una tabla, sino un par de tambores pequeños, con un sonido que ronda los metales)? Tres extraños llegados de rutas diferentes, con sabores exóticos uno para el otro, pero que se incorporan en un refinado platillo auditivo: el aroma de la noche y las mil noches en la guitarra llegada del Oriente, pero bañada en el sol de la Bossa Nova brasileña; el susurro del chelo brinda el sabor de madera profunda de los bosques europeos, umbríos y húmedos; y el acento de las especias brillantes de la tabla india, con su indescifrable complejidad.
Juntos, a manos de sus intérpretes que no hacen sino ser fieles a la magia del hallazgo, revelan sabores desconocidos previamente. Esto es lo que hace el trío Morfín+Nanni+Toache: su música sobrecoge porque nos invita a escuchar de nuevo, a mirar cómo frente a nuestros oídos se forman lazos de una amistad antes impensable.
Así sucede con estas canciones conocidas y renovadas: Caminos cruzados refleja el encuentro fortuito, en una encrucijada, de tres desconocidos que saben de inmediato que se harán compañeros de viaje, porque se entienden sin esforzarse. Y esta versión de Bésame mucho nos presta una melancolía para usarse en tardes de lluvia.


