Trío Morfín-Nanni-Toache… Sucede
Hace unos días, por conducto del Trío Morfín-Nanni-Toache, tuve una de esas experiencias que uno no quiere olvidar. Chello, tabla hindú y guitarra respectivamente interpretaron con maestría una cosa rarísima, entre oriental y brasileña… ¡De entrada, me encanta que haya gente buscando sonidos y efectos nuevos!!! Y que comparta lo que encuentra… Pero además, que lo haga bien.
Fueron recibidos en casa llena, en una la sala de conciertos menor del Centro Cultural Ollín Yoliztli. Empezó la música: la guitarra sola hizo “el llamado”. Me llevó por el gran amor a su quehacer de quien la hacía sonar y por su placer de compartir. El instrumento y él eran uno, en sabrosísimos ritmos y armonías. Luego fueron incorporándose los otros dos, cada quién con lo suyo, en piezas que se ligaban entre sí y empezó una especie de baile, que lo que hacía era crear ilusiones de cambios de locación entre continentes. Entre toda esta sorprendente experiencia, a veces de cadencias un poco repetitivas pero que quiero pensar que a lo mejor tenían la intención de meternos en una especie de trance, a mí me pareció que hacía falta un ambiente plástico más congruente con el sonoro… luz de fuego, ¿Una fogata, quizá?… y así me fui yendo por los antojos: una copita de vino con unas botanas en un restauransillo con vista al mar, sus olas como ritmo de fondo y olor a lluvia; palmas, bambús, otros árboles que no conozco, mucho verde; muebles de ratán, manteles de manta y cojines en la puesta de sol, velas en las mesas; brisa leve y la música en el más absoluto y respetuoso silencio de los atentos escuchas, igual de hechizados… ¡Me fui sin irme, pues! Sucede: magia de música y excelencia de quienes la crean e interpretan, que le recuerdan al alma su enorme potencial de libertad…
Luzma Herrasti Coqui
