
- Ama dablam
Ya llegamos, por lo menos así parece… nuestras almas aún están rezagadas. El viaje fue muy intenso. Lo correcto para ser más preciso, sería decir, los viajes; la diversidad de las nuevas vivencias sin referente para interpretarlas, no dio tiempo para pensar qué nos estaba pasando. La demanda de la observación y la asimilación de las nuevas experiencias exigieron tiempo completo… Ahora hay que empezar el rompecabezas para saber qué fue lo que sucedió.
Antes de ir al Himalaya, leí en un libro del Time-Life una frase que rechacé inmediatamente por lo sensacionalista -así lo sentí en ese momento-, decía que el Himalaya exige superlativos… Ahora sé de cierto que al hablar de los Himales hay que hablar de Majestuosidad en el sentido más estricto posible. Por primera vez en mi vida tomé conciencia de qué significa un adjetivo como éste.
En Tyangboche, la capital espiritual del Valle del Khumbu, durante una entrevista con el Lama-Abad, Elia Luyando, mi compañera de vida en esa hermosa época, hizo un acertado comentario: señaló que estábamos muy impresionados por la Belleza y la Majestuosidad de las montañas, pero más aún por la Belleza y la Majestuosidad de las Almas de sus habitantes.
Estos son los dos aspectos fundamentales de toda la experiencia: la naturaleza y los hombres del Nepal.
En un punto de nuestro viaje, llegando a Namche Bazaar, experimenté una fuerte impresión al empezar a dimensionar el Himalaya. Era un día nublado en el que habíamos pasado ya la garganta del Río Dudh Kosi y la pendiente se levantaba fuertemente; subíamos vertiginosamente hacia las nubes. Ya muy próximos a Namche, el cielo se abría y permitía ver unos picos muy altos que estimulaban nuestro entusiasmo al ver que estábamos entrando a las verdaderas montañas. Las nubes volvían a cubrir todo y de pronto se abrían y se veían picos más altos y a los pocos minutos otros aún más altos, las montañas ascendían cada vez más y más. Me estoy refiriendo al macizo que está formado por el Nupla de 5855m y el Kwangde de 6187m. Al tomar el mapa para ubicar qué es lo que teníamos enfrente y ver que altura tenían esas montañas, comprendí que desde los 3400m en que estábamos, aún había más de 5000m de montaña hacia arriba… Así que apenas nos asomábamos a la región más alta del mundo.
Maurice Herzog dijo que el Himalaya comienza donde las demás montañas del mundo acaban, y esto es simplemente cierto. El pico más alto en Norte América es el Monte Mackinley de 6194m; en México el Pico de Orizaba con 5750m; en los Andes el Aconcagua de 6960m, en África el Kilimanjaro con 5894m, en Europa el Mont Blanc de 4810m. En el Himalaya existen 14 picos de más de 8000m y más de 300 que superan los 7000m.
Es aquí donde el Everest, la montaña deidad La Diosa Madre de la Tierra, el Chomolungma, como se le nombra en el Tibet o el Sagarmatha, en el Nepal, se eleva a 8848 msnm.
El Himalaya, en el que se distingue una gran variedad de climas, vegetación y fauna salvaje, está formado por tres cordilleras principales: típicamente himalayas son la cordillera en la que se encuentra el Everest y la del Karakorum con valles tropicales; la cordillera del Hindu Kush, con sus laderas peladas, se halla en el extremo occidental. Este conjunto cubre una longitud de 2750km a través de ocho países: India, Bután, Sikkim, Nepal, Pakistán, China, el Tibet y Afganistán.
En cuanto a los hombres de Nepal quisiera señalar en pocas palabras la grandeza que vi en ellos. La vida en los Himalayas es dura en el sentido más estricto, estos hombres trabajan incansablemente, no conocen la autocompasión y tienen siempre una sonrisa que compartir, la alegría les es natural. Junto a su rústico y enérgico hacer cotidiano cantan y bailan con finura y delicadeza, tienen un exquisito sentido del humor, se pertenecen a sí mismos, son generosos, humildes y fuertes. Me es difícil transcribir en palabras el respeto y la admiración que en mí provocaron con su estar sencillo y su disposición. Con su actitud positiva constante, como la pendiente de sus maravillosos Himales. Sencillamente Son, lo digo en el profundo sentido de ser.

- en las cercanias de Lukla
Los pendientes
En Julio de 1998, porque el destino así lo quiso, me encontré tomando una taza de exquisito café árabe en Villahermosa con Lico Buendía, mi compañero de montaña durante más de 40 años. Al calor de la conversación, del café y del trópico, estuvimos recordando viejos tiempos y saltó a la plática una deuda con la vida, el Everest. Era una excelente idea retomar el tema y un buen momento para intentarlo. Así que en principio investigamos sobre las ofertas de las expediciones y consideramos algún objetivo razonable para poder dimensionar los Himales.
Ya en 1991 nos habíamos propuesto ir al Everest en una expedición francesa que lo intentó en el otoño de 1992. Diversos obstáculos lo impidieron pero sirvió para hacerse planteamientos muy serios sobre lo que representa un reto de esta índole; aceptación de riesgos, lograr el mejor acondicionamiento físico posible y ejercitar la voluntad diariamente mediante la disciplina, la meditación, la reflexión y la conciencia. Fue un año y medio de trabajo muy intenso, y sin duda, no fue en vano.
A mediados de septiembre del 98 me visitaron un grupo de amigos en El Sereno, agradable lugar donde tocaba cada viernes por la noche y me felicitaron por el viaje al Himalaya….
-¿Qué? el Himalaya es todavía un proyecto ¿de qué hablan?
-Lico ya nos dijo que están inscritos en un grupo que sale en abril de 1999.
La plática de la noche dio vueltas en torno al tema, los esfuerzos, el frío, las condiciones, la comida, la altura, en fin nos fuimos hasta los Himales y desde la comodidad de un buen restaurante con exquisita comida y buen vino, enfrentamos todos los inconvenientes que cabían en nuestra imaginación, que era mucha. No sabía si alegrarme o asustarme, la noticia me sobrepasó, aún no estaba preparado para ello.
El entrenamiento lo había empezado desde el primero de agosto, de manera que aún tenía siete meses más para prepararme, un tiempo excelente, ahora solo faltaba lo más importante saber a donde iba a ir, a qué me enfrentaría, que debía saber, qué equipamiento debía elegir.
Los objetivos del viaje: El campamento base del Everest, el Kalapatar y el Imja-Tse no me decían gran cosa, así que me pasé dos meses entre literatura de montaña, sueños, mapas, insomnio y catálogos. A finales de noviembre viajé a Vancouver por mis pertrechos aún con algunas dudas. Así que para evitar errores, adquirí lo mejor que encontré. Exageré, pero esto ayudo a poner la primera sensación de realidad y seguridad en el proyecto.
El destino es más grande que el mundo
La lectura de Más allá del Himalaya de Javier Millán Dehesa me dio otro respiro de tranquilidad, gracias a él empecé a disfrutar enormemente todos mis acercamientos al tema, también me quedó muy claro, que ahí, en ese lugar había una clase de hombres muy singulares, herederos de una antigua y rica cultura. Fue un alivio considerar que además del reto de la montaña, había espacios donde los hombres caminan, hablan, comercian, ríen, trabajan, aman, oran… en una palabra, viven. Era algo que el sensacionalismo de nuestra cultura había ocultado. Sólo imaginaba luchas tenaces contra las inclemencias y mis propios temores. Esto hacía que se me escapara la parte amable y humana que encontré al estar en el Mundo Sherpa.
Martha O´Reilly le platico a Elia que conocía a una persona que había hecho un maravilloso viaje al Himalaya y que sin duda estaría dispuesto a compartirlo. Martha muy amablemente organizó una rica e interesante cena donde el invitado principal era el mismísimo Javier Millán.
El siguiente evento que le dio un giro radical a la percepción de nuestra aventura, fue conocer a Juan Manuel Nieto, quien estaba promoviendo un viaje similar, casi en la misma fecha al que nos habíamos ya inscrito, pero con un valor agregado: un interés subrayado en lo humano. Vi su audiovisual y descubrí de inmediato un mundo amplísimo, así que hice un llamado a la sensibilidad de Lico para que consideráramos cambiar de grupo. No fue fácil, pero tampoco imposible. Era verdad que la organización contratada nos garantizaba una logística impecable. En la nueva alternativa, que nos proponía además el aspecto vivencial de la cultura del Nepal, no teníamos referencias del nivel técnico. Habría que aceptar el riesgo. Algunos argumentos sobre mi inquietud paralela al aspecto deportivo de la montaña y la consideración de otros factores circunstanciales, permitieron el cambio. Este nuevo rumbo me dio una visión muy clara de qué era lo que íbamos a hacer, cuáles eran los retos a enfrentar, lo que disfrutaríamos. Esto atrajo la atención de Lander Rodriguez, que había estado entrenando en con nosotros y que finalmente se involucró hasta el cuello, no sin un par de elementos no tan circunstanciales, que platicaré en otro momento para la diversión de todos y para que conste en los Anales de la Historia de Amigos y de Familia. Esta nueva visión también permitió a Elia considerar la posibilidad de ir. En una palabra se cayó el telón del mito. Me di cuenta que el Himalaya está al alcance de muchos y que habíamos escogido acertadamente el objetivo, el grupo y que este primer viaje nos permitiría dimensionar qué son los Himalayas, para después poder hacer futuros planteamientos.
Ahora con la experiencia vivida y adquirida les diré que, irremediablemente hay que volver

Ama Dablam desde el Imja Tse